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Reforma a la Ley de Tarjetas de Crédito podría frenar el crecimiento del comercio digital y afectar a MIPYMES

Reforma a la Ley de Tarjetas de Crédito podría frenar el crecimiento del comercio digital y afectar a MIPYMES

La reciente reforma a la Ley de Tarjetas de Crédito en Honduras, específicamente el Decreto No. 34-2025, está generando preocupaciones tanto entre los consumidores como entre el sector empresarial, especialmente las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES), que dependen en gran medida de las transacciones en línea. Aunque la modificación de esta ley tiene como objetivo proteger los derechos de los consumidores y promover la transparencia en las transacciones con tarjetas de crédito, su enfoque restrictivo sobre los cobros presenciales podría tener un impacto negativo en el comercio digital, frenando la innovación y dificultando el crecimiento de los emprendimientos que operan en el entorno en línea.

El propósito de la reforma: protección al consumidor

La reforma a la Ley de Tarjetas de Crédito fue aprobada por el Congreso Nacional con la intención de proteger a los consumidores frente a fraudes como la clonación de tarjetas. Una de las medidas clave de la reforma, contenida en el artículo 44, exige que las transacciones con tarjetas de crédito o débito se realicen siempre «a la vista y en presencia del tarjetahabiente». Esto implica que, en los establecimientos comerciales, el tarjetahabiente debe ser identificado y firmar el comprobante de la transacción, ya sea a través de terminales de punto de venta (POS) digitales u otros mecanismos.

En principio, estas disposiciones buscan garantizar mayor seguridad en las transacciones físicas, protegiendo a los consumidores de posibles fraudes y asegurando que los pagos se realicen de manera transparente. Sin embargo, las consecuencias de estas reformas en el entorno digital podrían ser mucho más complejas y perjudiciales para los negocios que operan en línea.

El impacto negativo en el comercio digital

La principal preocupación radica en que esta reforma pone en riesgo las transacciones digitales. Al exigir que las transacciones se realicen en presencia física del consumidor, se imposibilitaría la realización de pagos en línea, afectando gravemente a sectores clave de la economía digital, como plataformas de delivery, compra de medicamentos, transporte y servicios de restaurantes, entre otros.

La Asociación Hondureña de Instituciones Bancarias (AHIBA) ha alertado que las MIPYMES, especialmente aquellas que no cuentan con un espacio físico de ventas, serían las más perjudicadas por esta reforma. Estas empresas, que dependen del comercio digital y los enlaces de pago para conectarse con clientes en diferentes regiones del país, se verían obligadas a reconsiderar su modelo de negocio, lo que podría resultar en una pérdida significativa de ingresos y en la diseminación de oportunidades laborales.

Un retroceso en la digitalización del sistema financiero

Además de afectar a los emprendedores, la reforma también podría representar un retroceso significativo en la digitalización del sistema financiero de Honduras. La implementación de esta normativa contradice las tendencias globales y nacionales que apuntan a la modernización de los pagos y a la expansión de los métodos de pago digitales, que son esenciales para dinamizar la economía y facilitar el acceso de los consumidores a bienes y servicios.

El dinamismo comercial del país podría verse gravemente afectado, ya que las restricciones a los pagos digitales desincentivarían la inversión en el sector fintech y en plataformas de pago electrónico, lo que ralentizaría el crecimiento económico nacional.

Posiciones contrapuestas y el futuro de la reforma

El debate sobre la reforma a la Ley de Tarjetas de Crédito ha generado opiniones encontradas entre los actores legislativos y el sector empresarial. Mientras que algunos diputados del Congreso Nacional, como el congresista Carlos Umaña, defienden la reforma asegurando que las transacciones digitales no se verán afectadas, la AHIBA insiste en que la redacción actual del decreto pone en riesgo el desarrollo del comercio electrónico en Honduras.

Por su parte, expertos en banca y finanzas, como Nancy Ochoa, subrayan que ya existe una normativa que regula las transacciones no presenciales, lo que genera contradicciones dentro del marco legal vigente. Además, el ex presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), Dante Mossi, advirtió que la reforma afectará especialmente a los pequeños negocios, que realizan una gran parte de sus transacciones en línea, perjudicando su capacidad de operar y crecer.

El desafío para las autoridades y la necesidad de revisión

A pesar de la preocupación generada por la reforma, aún queda pendiente que el decreto sea enviado al Poder Ejecutivo para su sanción final. Esto abre una ventana para que se revisen los aspectos más polémicos de la reforma antes de su entrada en vigor.

Es urgente que las autoridades gubernamentales evalúen los posibles efectos adversos de la ley sobre el comercio digital y las mipymes, y consideren ajustar las disposiciones para que el sistema financiero y comercial del país pueda seguir avanzando sin poner en riesgo la innovación ni las oportunidades económicas. El marco legal debe ser lo suficientemente flexible para adaptarse a los nuevos modelos de negocio que surgen en el ámbito digital, protegiendo tanto a los consumidores como a los emprendedores.

Adaptación necesaria a los cambios del comercio digital

Aunque la intención de la reforma a la Ley de Tarjetas de Crédito es loable en términos de proteger al consumidor y reducir el fraude, la redacción de la ley en su forma actual podría tener efectos contraproducentes para el desarrollo del comercio digital y el crecimiento económico de Honduras. Es imperativo que se modifique el enfoque restrictivo hacia los pagos digitales y se busque un equilibrio que fomente la seguridad, pero que al mismo tiempo impulse la digitalización del comercio y la innovación empresarial en el país.

De no ser así, el país podría perder valiosas oportunidades de crecimiento económico y empleo, particularmente en un entorno global cada vez más orientado hacia la digitalización y el comercio en línea.